
¿Cómo elegir un buen colchón?
Para poder alcanzar un sueño placentero, profundo y verdaderamente reparador son muchos los factores a tener en cuenta; no obstante, sin duda alguna, la elección de un buen colchón es el elemento determinante. Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y de esa calidad de descanso depende nuestro rendimiento cognitivo, nuestro sistema inmunológico y nuestro estado de ánimo diario.
Es muy posible que te encuentres con opiniones muy dispares cuando te embarcas en la búsqueda del colchón ideal. Esto se debe a que el tema que nos ocupa es tremendamente subjetivo: no existe el “mejor colchón del mundo”, sino el mejor colchón para ti. Cada persona tiene una fisonomía, un índice de masa corporal, unas posturas al dormir y unas preferencias particulares a la hora de conciliar el sueño que determinan qué modelo es el adecuado.
¿CUÁNDO CAMBIAR DE COLCHÓN?
Posiblemente, antes de llegar al momento de cambio máximo recomendado por las asociaciones de fabricantes de equipos de descanso —fijado en torno a los 10 años—, el colchón ya presentará signos evidentes de haber perdido sus propiedades originales.
Aunque a simple vista parezca en buen estado, los materiales internos sufren fatiga mecánica por el uso diario. Además, por una pura cuestión de higiene, tras una década un colchón puede haber acumulado una cantidad indeseable de ácaros, polvo y humedad, favoreciendo la aparición de alergias. Si notas síntomas de hundimiento (el conocido “efecto hamaca”), te levantas con rigidez muscular en la zona lumbar o cervical, o en definitiva notas que la calidad de tu sueño empeora y te das más vueltas en la cama de lo normal, debes examinar su estado.
No olvidemos que las personas también cambian: es posible que un colchón fuera el ideal en el momento de su compra, pero tras 6 u 8 años nuestras características físicas (cambios de peso, lesiones) o nuestras preferencias pueden haber cambiado sustancialmente, exigiendo un equipo nuevo que se adapte a nuestras necesidades actuales.
ASPECTOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN DEL COLCHÓN
A la hora de elegir el modelo que mejor se adapte a nuestras necesidades, hemos de tener claro que no existe ningún material que sea el mejor indiscutiblemente; de hecho, existen numerosas discrepancias entre especialistas, fabricantes y consumidores. La elección es personal, pero los expertos en ergonomía recomiendan fijarse siempre en estos cuatro pilares fundamentales:
TRANSPIRABILIDAD La circulación del aire es vital tanto para el confort térmico del durmiente como para la conservación y durabilidad de las propiedades del colchón, evitando la proliferación de moho y bacterias. En este sentido, los colchones de núcleo cerrado (látex, espuma HR, viscoelástica) son por naturaleza menos transpirables, aunque hoy en día las estructuras de espumación de célula abierta y los tejidos con malla 3D perimetral permiten una ventilación muy superior a la de antaño. Por su parte, el colchón de muelles (ya sean ensacados o el clásico Bonell) es el rey de la transpiración al dejar circular el aire libremente por su cámara interior.
TEMPERATURA La temperatura del colchón va muy unida al concepto de transpiración: cuanto más transpirable es el colchón, mayor sensación de frescura y menor acumulación de sudor. Nuestro cuerpo necesita bajar ligeramente su temperatura para entrar en fase de sueño profundo. Para las personas más calurosas, el mercado actual ofrece tejidos termorreguladores y viscoelásticas que incorporan partículas de gel, grafeno o carbono activo, tecnologías diseñadas específicamente para disipar el exceso de calor corporal y mantener una temperatura lineal toda la noche.
ADAPTABILIDAD Y FIRMEZA Los términos más utilizados cuando hablamos de confort son firmeza y adaptabilidad, y no deben confundirse. La firmeza es la resistencia que opone el colchón al peso del cuerpo (necesaria para mantener la columna vertebral correctamente alineada), mientras que la adaptabilidad es la capacidad de los materiales superficiales para moldearse a nuestra silueta y aliviar los puntos de presión (como hombros y caderas). Las personas con mayor peso necesitarán colchones de firmeza alta, mientras que las personas más ligeras precisarán firmezas medias para no sentir la cama demasiado dura.
LA PRUEBA Para probar el colchón en tienda es altamente recomendable llevar ropa cómoda y tomarse el tiempo que se necesite. No tiene que darte ninguna vergüenza quitarte los zapatos o el abrigo y pasar entre 10 y 15 minutos tumbado. Es fundamental que adoptes la postura exacta en la que sueles dormir en casa (de lado, boca arriba…) e incluso que cambies de posición para comprobar si el colchón te permite moverte con libertad y sin esfuerzo.
TIPOS DE COLCHONES
A continuación, te explicamos los tipos de colchón más habituales en base a su fabricación, materiales y propiedades estructurales:
COLCHÓN DE MUELLES ENSACADOS Se trata de una estructura avanzada en la que cada muelle está encapsulado de manera individual en un saquito o funda de tela. Esto permite que cada muelle actúe de forma autónoma ante la presión, garantizando una excelente “independencia de lechos”. Es decir, si duermes en pareja, no notarás los movimientos de la otra persona. Se suelen aplicar sobre esta carcasa diferentes capas de confort (materiales naturales, espumaciones, látex o viscoelástica). Es la solución perfecta si buscas máxima ergonomía sin renunciar a una altísima transpirabilidad.
COLCHÓN DE ESPUMA HR (HIGH RESILIENCE) Su núcleo está formado por un bloque de espuma de poliuretano de alta resiliencia y célula abierta. La calidad y durabilidad de estos colchones se mide por su densidad (los kilogramos de material por metro cúbico). Ofrecen una huella de confort muy estable y se fabrican en firmezas altas, medias o suaves. Se pueden combinar con diferentes acolchados para mejorar la acogida. A diferencia de lo que se suele pensar, un colchón de espuma HR de buena calidad no tiene por qué ser blando ni caluroso.
COLCHÓN DE LÁTEX Los núcleos de látex natural se obtienen a partir de la savia del árbol del caucho, resultando en un material ecológico e hipoalergénico (aunque también existen versiones sintéticas o mezclas). Su gran ventaja es su enorme elasticidad y su tacto suave, lo que lo convierte en el colchón idóneo para camas con somieres articulados. Ofrece una adaptación milimétrica al contorno del cuerpo. Eso sí, al ser menos transpirable, requiere siempre apoyarse sobre bases de láminas que permitan su correcta oxigenación.
COLCHÓN VISCOELÁSTICO Es importante aclarar que no existe un colchón que sea 100% viscoelástico; este material sería demasiado blando para sostener el cuerpo. Siempre necesitan de un núcleo de soporte (ya sea espuma HR o muelles ensacados). También conocido como memory foam, es el material desarrollado por la NASA más adaptable del mercado. Reacciona al calor corporal y al peso, creando un molde exacto de la persona (“efecto huella”) y reduciendo al máximo los puntos de presión, lo que favorece enormemente la circulación sanguínea.
COLCHÓN DE MUELLE BONELL Es el colchón de muelle tradicional, formado por hilos de acero entrelazados en forma bicónica. A su favor tiene un altísimo grado de transpirabilidad y una gran durabilidad. Aunque es una tecnología más antigua y no ofrece independencia de lechos, hoy en día se combina con buenas capas de confort superficiales para mejorar su tacto. Normalmente, es una opción económica, resistente y muy popular para habitaciones de invitados, camas infantiles o segundas residencias.




